Nuevos mapas del infierno es el título de la última conferencia de Tierras de ningún lugar: utopía y cine,  un excelente ciclo de conferencias impartido por Antonio Santos, profesor de la Cátedra de Cine de la Universidad de Valladolid, bibliotecario de la Universidad de Cantabria y grandísimo comunicador. Reproducimos a continuación fragmentos de textos  de las conferencias cedidos por Antonio, al cual agradecemos su colaboración,  ilustrados con imágenes de nuestra propia cosecha.  La última conferencia se imparte hoy 5 de febrero en la Fundación Marcelino Botín (Santander).

 
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Metrópolis (Fritz Lang, 1926)

 

   El ciclo  aborda el fenómeno utópico y  la estela que ha dejado en las artes, en particular en el cine. Acuñado por Tomás Moro, en 1516, el término Utopía concibe formas de gobierno encaminadas a conseguir la felicidad de todos los ciudadanos: un ideal que ha seducido y acompañado al hombre desde los orígenes de la civilización hasta nuestros días. En efecto, el pensamiento utópico ha inspirado el arte, la literatura y la música occidentales de todo tiempo y lugar.  El ensueño utópico ha ejercido siempre una poderosa fascinación sobre el imaginario colectivo, y esto justifica el interés que el cine ha demostrado por estos paisajes imaginarios, tanto en su vertiente positiva como en la negativa. Muchos de ellos trazados por cineastas imprescindibles, como S. M. Eisenstein, Fritz lang, John Ford, King Vidor o Jean-Luc Godard

    Antonio examina de qué modo el llamado séptimo arte ha dado forma a aquellos lugares imposibles y deseables. Muchos de los ejemplos examinados confirmarán la intuición platónica que proponía hacer de la música la ciudadela del estado dichoso…

    Pese a todo, veremos finalmente cómo la naturaleza ambigua del ideal utópico provoca que los supuestos paraísos terminen por convertirse en prisiones, o en lugares infernales donde la libertad del individuo se ve manipulada y prohibida.

 

   NUEVOS MAPAS DEL INFIERNO:

Un mundo feliz de Aldous Huxley
Un mundo feliz de Aldous Huxley
1984
1984 de George Orwell

 

 
 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

  El utopismo brota de la coincidencia entre el pesimismo, fruto de realidad insatisfactoria, y el optimismo de suponer que otros modelos sociales son posibles. La utopía brota de una situación de crisis, de desencanto ante la sociedad injusta e imperfecta. Por esta razón, el ensueño utópico va siempre ligado al desencanto. El utopista construye modelos que se saben, al mismo tiempo, deseables e irrealizables (….) Como observará el espectador atento, no todo es positivo  ni idílico en estos lugares imaginarios, cuyos esplendores conviven con guerras, colonización, esclavismo y autoritarismo. Donde se niega la libertad del individuo y cualquier brote de oposición o discrepancia es reprimido con toda severidad .

  No se puede vivir sin utopías, pero tampoco se puede vivir en utopías. Conocedora de esta suerte, la nuestra no es sólo la época postmoderna. También es la época post-utópica. Así lo demuestran las crueles y pesimistas distopías que ha producido el siglo XX, y que encuentran su reflejo en algunas de las películas que se proyectarán en esta última velada: Un mundo feliz (Leslie Libman y Larry Williams,1998),  1984 (Michael Radford,1984), Alphaville (Jean-Luc Godard,1965), Blade Runner (Ridley Scott,1982) y Brazil (Terry Gilliam,1984). Todos estos relatos, que parten de fuentes literarias muy reconocibles, carecen de la naturaleza ejemplar que tenían sus hermanas eutópicas. Muy por el contrario previenen contra unos modelos pervertidos que hay que evitar a toda costa. Al fin y al cabo, y como se considerará finalmente, las felices utopías diseñadas por Platón, Moro y Campanella guardan más de un sospechoso paralelismo con las infernales sociedades descritas por Zamiatin, Huxley y Orwell.

    A. Santos (2009). Tierras de ningún lugar: utopía y cine. Santander, Fundación Marcelino Botín.

Blade Runner
Blade Runner